martes, 18 de febrero de 2014

La violencia cotidiana

La violencia nuestra de cada día. La violencia se ha metido en el tuétano de las sociedades actuales. Se ha hecho cultura de vida ¿Cómo explicar si no, que las mismas personas amables y hospitalarias, tan asequibles y obsequiosas como el común, se transformen tan brutalmente en cuanto se acomodan en sus vehículos y asaltan la via pública con responsabilidad cero y alarde de violencia salvaje? Sacándole presión al asunto, me entretengo creando una ficción mientras espero el cambio de luces del semáforo. Imagino que los vehículos alrededor han sido secuestrados por una suerte de invasores siderales, llegados a la Tierra esta misma madrugada. Es un ejército silencioso, capaz de suplantar a los terrícolas adquiriendo sus rasgos externos, y convertir sus autos en maquinarias asesinas. Me aferro al guía temiendo que la voladora de al lado utilice sus abusivas “defensas” metálicas para hacerme añicos; o que las yipetas que me preceden retrocedan violentamente para aplastarme, o que el carro público destartalado sea en realidad un “transformer” variopinto que en segundos disparará bolas de fuego en todas direcciones. Cae la luz verde y tras esperar impaciente que el conductor de la extrema derecha se cruce delante de todos para girar hacia la izquierda, y un río de motoristas se adelante al resto; también me desplazo en linea recta y velozmente, pensándome a salvo. Entonces me pregunto si alguna de esas personas, (las reales, no los alien que imaginara), ha pensado en las consecuencias de sus actos irreflexivos; en lo que pasaría si se produce un accidente; en el dolor físico a sufrir o a infligir a otros inocentes, las pérdidas materiales, la disrupción en su propia vida y la de otras personas… Ya se acerca otro cruce de calles cuando, con un una maniobra brusca, evito que un vistoso auto se interponga en mi camino. Me doy cuenta que avanzo a una velocidad exagerada. A unos veinte metros el semáforo enciende la luz amarilla, pero decido acelerar, como hacen los otros de la senda izquierda. No estoy dispuesto a seguir esperando. Nadie espera. Poco me importa si atropello a otro vehículo. Ya he soportado bastante y no estoy dispuesto a aguantarle @%#@$% a nadie. ¡A mi hay que respetarme! Voy a medirme con cualquiera… Voy a aplastar a todo el que se me ponga en medio… ¡Oh, oh! ¿Qué pasa? ¿Por qué me violento así? ¿Cómo explicar esta reacción en mi? Me toco el pecho y me pregunto, qué clase de alien estará creciendo allí dentro…