Como esos policías de tránsito en la India; de pie en el centro de un cruce de avenidas intentando imponer un orden en el flujo de vehículos... así me siento en estos días.
Acechado por noticias de amigos que enferman gravemente o se marchan...; por nacimientos que me traen felicidad y acercamientos a nuevas amistades... Intento imponer una respiración a estos choques emocionales para no terminar perdiendo el equilibrio, cayendo yo mismo en algún estado desesperado... y por ahora, triunfo. Y aprovecho este éxito tan pasajero como todos ellos y tambien las derrotas; decido retomar este blog en las próximas semanas; y asumirlo con cierta asiduidad; para volver a compartir con ustedes impresiones, anécdotas y alguna que otra idea que merezca la pena. Regresen, por favor, aquí los esperaré con gusto.
Ciudadano del mundo, residente de momento en Santo Domingo... Escritor, nómada, amante de los libros, del mar, la buena música y las buenas amistades.
domingo, 13 de marzo de 2011
domingo, 12 de diciembre de 2010
El juego de las apariencias
Desde que saliera a la luz el escándalo causado por las filtraciones de Wikileaks, le doy vueltas al asunto tratando de desentrañar lo que se dice y lo que se omite, el por qué se dice, a quién afecta y a quién beneficia lo que se revela en ese alud de informaciones nauseabundas.
La diseminación de los datos en sí mismo es un hecho de formidables proporciones que seguramente beneficia a los ciudadanos del mundo. Ahora podemos tener una mejor idea de cómo se mueven las aguas turbias bajo las apariencias que construye el lenguaje político diplomático. Nada mejor para comprender el discurso de quienes rigen los destinos del planeta; para captar lo que significan las palmaditas en el hombro y las sonrisas amables entre líderes que muchas veces aparentan ser aliados; casi siempre con el cuchillo listo a hundirse en las espaldas del otro. Importante, sí, pero apenas una premisa para darnos cuenta del contexto en el que vivimos, ajenos a la nueva era de las batallas mundiales por el poder. Tengo la sensación que, desde lo que se percibió en su momento como el fin de la Guerra Fría; el mundo ha estado inmerso en una guerra “invisible” (descontando la supuesta cruzada antiterrorista que iniciara Bush); una manera de lucha por el reparto del mundo que por ahora asume la apariencia de una confrontación en el terreno intangible de la Internet.
Mas allá del destape de los cables, que es sólo el punto de partida de este fenómeno, tenemos que prestar atención a la manera en que esta información llega al gran público; y a las medidas que toman los poderosos, con el imputado principal a la cabeza, para contrarrestar sus efectos, para silenciar a los autores; para desvirtuar los datos más nocivos. Un puñado de grandes grupos mediáticos tiene acceso a la información, la filtra cuidadosamente, la pone a disposición dosificando, matizando con su “responsable” labor editorial... Pensemos por un momento: ¿qué criterios rigen todo esta parte del proceso? ¿Desde cuando la “gran prensa” ha actuado con verdadera y completa libertad; ajena a los intereses de los grandes grupos de poder?
Algún tiempo de vivir en el centro del bombardeo mediático puede haber generado en mí cierta paranoia critica. Le llamo lectura avisada. No basta con leer; es importante saber por qué se ha escrito lo que llega a nuestras manos, cuándo, cómo, a quién beneficia y a quién perjudica. No dudo ni un momento que el acceso a estos datos beneficia de entrada a la comunidad internacional largamente manipulada por la información. Mi postura es de alerta. Sigamos al paso la lógica que seguirá este caudal de datos. Tal vez la sensación de privilegiado acceso a las verdades de la política y la diplomacia nos convierta una vez más en rehenes de una manipulación a mayor escala. Tal vez sea ahora la prensa la que ocupe un rol mayor en la manipulación de la opinión pública ocupando un segmento de esa función de los centros de poder político. Tal vez algún día, otro Wikileaks traiga a nuestra atención “los cables de la prensa”.
Es de esperar que los aparatos de gobierno, sus ejecutores de relaciones internacionales, información e inteligencia ganen tiempo, se actualicen a las exigencias de este mundo en el que ciertamente las nuevas tecnologías podrían traer más transparencia informativa. Al final del proceso pudiera suceder que, tras la resaca del presente festín, descubramos que el mundo contemporáneo, mucho más sofisticado en sus medios e instrumentos, se ha vuelto aún menos transparente y la comunidad internacional, una víctima más vulnerable a la manipulación. Por lo pronto, está en juego la credibilidad de todos los actuantes. Observemos con atención y dentro de muy poco sabremos en qué punto de la batalla entre democracia y manipulación se encuentra la humanidad al terminar la primera década del s. XXI.
La diseminación de los datos en sí mismo es un hecho de formidables proporciones que seguramente beneficia a los ciudadanos del mundo. Ahora podemos tener una mejor idea de cómo se mueven las aguas turbias bajo las apariencias que construye el lenguaje político diplomático. Nada mejor para comprender el discurso de quienes rigen los destinos del planeta; para captar lo que significan las palmaditas en el hombro y las sonrisas amables entre líderes que muchas veces aparentan ser aliados; casi siempre con el cuchillo listo a hundirse en las espaldas del otro. Importante, sí, pero apenas una premisa para darnos cuenta del contexto en el que vivimos, ajenos a la nueva era de las batallas mundiales por el poder. Tengo la sensación que, desde lo que se percibió en su momento como el fin de la Guerra Fría; el mundo ha estado inmerso en una guerra “invisible” (descontando la supuesta cruzada antiterrorista que iniciara Bush); una manera de lucha por el reparto del mundo que por ahora asume la apariencia de una confrontación en el terreno intangible de la Internet.
Mas allá del destape de los cables, que es sólo el punto de partida de este fenómeno, tenemos que prestar atención a la manera en que esta información llega al gran público; y a las medidas que toman los poderosos, con el imputado principal a la cabeza, para contrarrestar sus efectos, para silenciar a los autores; para desvirtuar los datos más nocivos. Un puñado de grandes grupos mediáticos tiene acceso a la información, la filtra cuidadosamente, la pone a disposición dosificando, matizando con su “responsable” labor editorial... Pensemos por un momento: ¿qué criterios rigen todo esta parte del proceso? ¿Desde cuando la “gran prensa” ha actuado con verdadera y completa libertad; ajena a los intereses de los grandes grupos de poder?
Algún tiempo de vivir en el centro del bombardeo mediático puede haber generado en mí cierta paranoia critica. Le llamo lectura avisada. No basta con leer; es importante saber por qué se ha escrito lo que llega a nuestras manos, cuándo, cómo, a quién beneficia y a quién perjudica. No dudo ni un momento que el acceso a estos datos beneficia de entrada a la comunidad internacional largamente manipulada por la información. Mi postura es de alerta. Sigamos al paso la lógica que seguirá este caudal de datos. Tal vez la sensación de privilegiado acceso a las verdades de la política y la diplomacia nos convierta una vez más en rehenes de una manipulación a mayor escala. Tal vez sea ahora la prensa la que ocupe un rol mayor en la manipulación de la opinión pública ocupando un segmento de esa función de los centros de poder político. Tal vez algún día, otro Wikileaks traiga a nuestra atención “los cables de la prensa”.
Es de esperar que los aparatos de gobierno, sus ejecutores de relaciones internacionales, información e inteligencia ganen tiempo, se actualicen a las exigencias de este mundo en el que ciertamente las nuevas tecnologías podrían traer más transparencia informativa. Al final del proceso pudiera suceder que, tras la resaca del presente festín, descubramos que el mundo contemporáneo, mucho más sofisticado en sus medios e instrumentos, se ha vuelto aún menos transparente y la comunidad internacional, una víctima más vulnerable a la manipulación. Por lo pronto, está en juego la credibilidad de todos los actuantes. Observemos con atención y dentro de muy poco sabremos en qué punto de la batalla entre democracia y manipulación se encuentra la humanidad al terminar la primera década del s. XXI.
viernes, 3 de septiembre de 2010
La vida
Muchas veces la vida se asemeja a una enorme y transitada estación de trenes. Ves la gente pasar en todas direcciones y no sabes qué tren tomarán, hacia dónde se dirigen. Ignoras si sus viajes serán largos o breves(incluso ignoras la extensión y alcance de tu propio andar). Hay gente que no va a ninguna parte; que sólo merodea allí, contemplando extasiados a los muchos que arriban mientras otros parten...
Hace unos días una señora que pasa los 60's me pedía opinión sobre su primer cuento (muy interesante por cierto), dudando si aun tendría tiempo para iniciarse en el oficio de escribir... Hoy, un amigo entrañable me habló de la inminente partida de su padre; de ciertos problemas de salud de su esposa, mientras a unos pasos de mi asiento, una mujer muy enferma declaraba querer seguir viviendo, aunque ignora el grave acecho de su padecimiento... Entonces te pones a pesar el tiempo, a tratar de deconstruir la existencia, conocer mecanismos, tuercas y tornillos que hacen de la vida lo que es... lo que cada cual cree que es... Del letargo me saca una llamada telefónica de mi hijo. Eufórico, anuncia el embarazo de su novia. Luego un mensaje electrónico da cuenta de mi nombramiento para un buen trabajo en mi campo profesional; y leo a una amiga declarar en Fb su alegría de vivir... Entonces abandono mi atalaya en el viejo banco de hierro fundido. Me dirijo al andén, busco en las pantallas la ubicación del tren de más largo recorrido, y salto a la plataforma del coche más cercano. Es el coche-bar. Pido un trago y me acomodo frente a una ventanilla. Cuando el convoy (que ya no traquetea fatigoso como en los viejos tiempos, sino que silba en suspensión sobre los rieles), comienza a moverse... miro la multitud que llega y va, ahora enjambre borroso que se aleja en perspectiva y comprendo que la vida es eso, pero también es mucho más, y que es justo por eso que me estoy alejando... Tomo un trago que disfruto como toda una cena, dejo que el sol me ciegue por un momento y me dispongo a seguir, apaciblemente, a llegar a mi destino y saltar a un nuevo tren de largo itinerario... hasta que llegue el fin sin advertirlo. Entonces y aun desde antes, a otros tocara seguir con la indagación, mientras la vida pasa... siempre pasa sin que algunos nos demos cuenta, o cuando (para muchos) es ya demasiado tarde...
Hace unos días una señora que pasa los 60's me pedía opinión sobre su primer cuento (muy interesante por cierto), dudando si aun tendría tiempo para iniciarse en el oficio de escribir... Hoy, un amigo entrañable me habló de la inminente partida de su padre; de ciertos problemas de salud de su esposa, mientras a unos pasos de mi asiento, una mujer muy enferma declaraba querer seguir viviendo, aunque ignora el grave acecho de su padecimiento... Entonces te pones a pesar el tiempo, a tratar de deconstruir la existencia, conocer mecanismos, tuercas y tornillos que hacen de la vida lo que es... lo que cada cual cree que es... Del letargo me saca una llamada telefónica de mi hijo. Eufórico, anuncia el embarazo de su novia. Luego un mensaje electrónico da cuenta de mi nombramiento para un buen trabajo en mi campo profesional; y leo a una amiga declarar en Fb su alegría de vivir... Entonces abandono mi atalaya en el viejo banco de hierro fundido. Me dirijo al andén, busco en las pantallas la ubicación del tren de más largo recorrido, y salto a la plataforma del coche más cercano. Es el coche-bar. Pido un trago y me acomodo frente a una ventanilla. Cuando el convoy (que ya no traquetea fatigoso como en los viejos tiempos, sino que silba en suspensión sobre los rieles), comienza a moverse... miro la multitud que llega y va, ahora enjambre borroso que se aleja en perspectiva y comprendo que la vida es eso, pero también es mucho más, y que es justo por eso que me estoy alejando... Tomo un trago que disfruto como toda una cena, dejo que el sol me ciegue por un momento y me dispongo a seguir, apaciblemente, a llegar a mi destino y saltar a un nuevo tren de largo itinerario... hasta que llegue el fin sin advertirlo. Entonces y aun desde antes, a otros tocara seguir con la indagación, mientras la vida pasa... siempre pasa sin que algunos nos demos cuenta, o cuando (para muchos) es ya demasiado tarde...
jueves, 2 de septiembre de 2010
Comenzar de nuevo
Superada la contusión existencial que todo reinicio implica; puedo escribir una breve nota desde la nueva orilla. Un mar ancho y ya no tan ajeno se extiende entre mis pies descalzos y allá, lejos, adonde alcanza a ver mi vista. Si me diera vuelta, podría contemplar la silueta aun visible, aunque ya algo difusa del territorio dejado atrás. Pero no lo hago. Cuando un día de febrero (hace ya unos ocho años), salí del espacio donde nací y decidí no regresar, aprendí la lección. Cuando das un paso así; cuando quieres comenzar de nuevo, debes ser radical. "Cortar por lo sano". Aunque prefiero los claros oscuros, en una situación así no hay espacio para decisiones a medias. Convéncete que el ayer es eso, pasado, espacio que no te pertenece. Déjate llenar por todo lo que es ahora presente y desde ya futuro. "No mires atrás". Lo que del pasado tenga valor (tu bagaje, los afectos), se quedará contigo definitivamente, guardado en algún sitio de tu mente donde no lacera. Lo que busques a propósito, avasallado por la nostalgia, será lastre que te mantendrá en la orilla. Una sensación desagradable de pies inmovilizados y salpicaduras frías permanecerá y no podrás entrar al agua, ni sentir la sensación de libertad que produce un baño de mar desnudo, y seguir avanzando hasta que esa linea, que hoy fue futuro, se convierta en presente. Y quieras comenzar de nuevo.
domingo, 13 de junio de 2010
De amores, entornos, objetos y seres...
Barthes desarrolló en Fragmentos de un discurso amoroso, una escritura “de escenas”, amalgamando el estilo del diario íntimo con el del apunte ensayístico de aliento breve, logrando de tal modo entrelazar una ficción que se nutre de toda la tradición literaria, desde los clásicos del oriente y el occidente, al tiempo que asoma elementos de confesión personal y diálogo con el ser amado. Quien no haya leído esta obra, se ha perdido un maravilloso fresco integrado por todos los discursos, o para seguir la enunciación del titulo: todos los fragmentos del discurso; y me da la oportunidad para recomendarlo, pues de cierta manera parto en este post de los sedimentos que dejara en mi la lectura de ese formidable libro.
Quiero hablar de las distintas maneras del amor. No hablo de mi amor de pareja, ese cae en el ambito inviolable de mi privacidad. Me refiero a que, que en mi inveterada vocación de nómada, estoy listo a cambiar otra vez de escenario, y es entonces cuando asisto con asombro a la revuelta de sentimientos que me agitan por estos días. Como sin quererlo, mi percepción sobre los lugares por los que he transcurrido en los últimos años cambia, y en mi estado de ánimo cobran relieve las aristas desagradables del entorno. Los sucesos negativos mas recientes; léase la crisis brutal que azota a este país en la economía pero sobre todo en la moral y la ética, pasan a predominar en mi visión panorámica sobre este lapso reciente de mi vida. Esa suerte de amor hacia la ciudad, que hasta hace poco había logrado tejer con ahínco, se va desmoronando. Una sensación de desarraigo actúa ahora como resorte que me empuja, que me urge a alejarme. La urgencia por deshacerme de todo lo que me vincula a ella no deja tiempo a la contemplación.
Puede que esto no ocurriera de súbito, que se diera todo por acumulación. Me siento ya un viajero a punto de subir al tren, azuzado por los silbatos y las bocanadas de vapor que anuncian su inminente partida.
Tal vez suceda así con los amores personales, cuando una abrupta decepción los lleva a estallar como una burbuja que hace que, de un momento a otro, lo que parecía una pasión a la que habíamos apostado la vida misma se disipe una vez superados los primeros momentos amargos, las decepciones, el erróneo sentimiento de frustración; y en un breve lapso no deja siquiera memorias.
Quizás pase lo mismo con los objetos que amamos; esos viejos zapatos a los que nos acostumbramos, o aquella lapicera ya gastada... ? Por qué no osamos desprendernos de ellos? Es sólo comodidad? Exagerado sentido de austeridad? No puedo definirlo; pero me inclino a pensar que en nosotros actúa un mecanismo de desprendimiento que facilita el cambio, el avance, el pasar la pagina y estar listos para empezar otra vez, renovados, descargados del lastre del pasado. Puede que cada quien lo vea de un modo diferene. Podría pensarse en egoísmo, frialdad, cinismo... y tal vez no se esté equivocado sobre esos términos sino en el valor, la connotación que les damos. Igual, tampoco me interesa ahora llegar a conclusiones exhaustivas. Solo quería compartirles ese estado de animo: en unos días, por enésima vez, comenzaré una vida nueva, levantando todo desde cero, from scratch, expresión en inglés que me me parece tremendamente exacta. Claro que siempre estará la ayuda de manos amigas tan necesarias en estos trances; el impulso de mis ideas; y el entorno amable de mi propia cultura, con sus encantos y limitaciones. En un próximo post, escrito desde un lugar distinto bajo el sol; les comentaré cómo van las cosas ese nuevo comienzo. Pero ahora me subo al tren, sus ruedas ya comienzan a moverse...
Quiero hablar de las distintas maneras del amor. No hablo de mi amor de pareja, ese cae en el ambito inviolable de mi privacidad. Me refiero a que, que en mi inveterada vocación de nómada, estoy listo a cambiar otra vez de escenario, y es entonces cuando asisto con asombro a la revuelta de sentimientos que me agitan por estos días. Como sin quererlo, mi percepción sobre los lugares por los que he transcurrido en los últimos años cambia, y en mi estado de ánimo cobran relieve las aristas desagradables del entorno. Los sucesos negativos mas recientes; léase la crisis brutal que azota a este país en la economía pero sobre todo en la moral y la ética, pasan a predominar en mi visión panorámica sobre este lapso reciente de mi vida. Esa suerte de amor hacia la ciudad, que hasta hace poco había logrado tejer con ahínco, se va desmoronando. Una sensación de desarraigo actúa ahora como resorte que me empuja, que me urge a alejarme. La urgencia por deshacerme de todo lo que me vincula a ella no deja tiempo a la contemplación.
Puede que esto no ocurriera de súbito, que se diera todo por acumulación. Me siento ya un viajero a punto de subir al tren, azuzado por los silbatos y las bocanadas de vapor que anuncian su inminente partida.
Tal vez suceda así con los amores personales, cuando una abrupta decepción los lleva a estallar como una burbuja que hace que, de un momento a otro, lo que parecía una pasión a la que habíamos apostado la vida misma se disipe una vez superados los primeros momentos amargos, las decepciones, el erróneo sentimiento de frustración; y en un breve lapso no deja siquiera memorias.
Quizás pase lo mismo con los objetos que amamos; esos viejos zapatos a los que nos acostumbramos, o aquella lapicera ya gastada... ? Por qué no osamos desprendernos de ellos? Es sólo comodidad? Exagerado sentido de austeridad? No puedo definirlo; pero me inclino a pensar que en nosotros actúa un mecanismo de desprendimiento que facilita el cambio, el avance, el pasar la pagina y estar listos para empezar otra vez, renovados, descargados del lastre del pasado. Puede que cada quien lo vea de un modo diferene. Podría pensarse en egoísmo, frialdad, cinismo... y tal vez no se esté equivocado sobre esos términos sino en el valor, la connotación que les damos. Igual, tampoco me interesa ahora llegar a conclusiones exhaustivas. Solo quería compartirles ese estado de animo: en unos días, por enésima vez, comenzaré una vida nueva, levantando todo desde cero, from scratch, expresión en inglés que me me parece tremendamente exacta. Claro que siempre estará la ayuda de manos amigas tan necesarias en estos trances; el impulso de mis ideas; y el entorno amable de mi propia cultura, con sus encantos y limitaciones. En un próximo post, escrito desde un lugar distinto bajo el sol; les comentaré cómo van las cosas ese nuevo comienzo. Pero ahora me subo al tren, sus ruedas ya comienzan a moverse...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)