domingo, 27 de abril de 2014

El viaje más bello; el día más triste

Retomo mi maltratado blog, reproduciendo aquí un post que apareciera la semana pasada en 7dias.com.do, en atención a las reacciones y comentarios recibidos de muchos lectores. Espero poder dedicar mayor atención a Fijar la mirada y a ustedes en los días por venir.






Lo más esperado de la excursión iba a ser la travesía misma. Cruzar la bahía de Samaná a vuelo de pájaro, viniendo desde las deslumbrantes playas del este de la isla, era un acontecimiento que esperaba impaciente desde que recibiera la invitación dos días antes.

Ya a bordo del diminuto avión de nueve plazas, los callados temores hicieron su faena. Por un minuto pensé en la eventualidad de un desastre y la pérdida de la preciosa carga: un joven piloto y un artista del lente, ambos dominicanos; dos empresarios y dos artistas cubanos, además de un senador de un país sudamericano y su bella familia.

La visión del paisaje fue una brisa suave que barrió toda cavilación. La naturaleza desplegó su belleza con vanidad sin límites. Fascinado, cada quien mostraba el fragmento que más le impresionaba en lo que veía. Parecíamos un grupo de escolares exaltados.

La felicidad es un estado breve, transitorio. Hoy es domingo, y el cielo arroja sobre la capital una lluvia triste, testimonio del dolor por la partida de Sonia.

Luego vino el paseo a caballo, la visión sorprendente y el baño a los pies del salto de El Limón, un almuerzo campestre y la excursión a las magníficas playas de Cayo Levantado. Demasiadas emociones en una sola jornada. Ahítos de belleza, emprendimos el regreso. Otra vez de vuelta al avión y los mismos escenarios ahora transformados por la luz del atardecer.

Entonces llegó el minuto del error. Debí decir, del horror.

Un celular que se activa y de inmediato Twitter desgrana una mala noticia tras otra. Ha fallecido el Gabo.Muere en trágico accidente Cheo Feliciano. Como si fuera poco, llegan noticias confusas sobre el estado de Sonia Silvestre. No sabemos bien si ha muerto o si aún se debate en estado crítico. Es la tragedia que se ceba a un tiempo en tres grandes artistas. La muerte de gente querida y admirada, más dolorosa que la muerte propia, parece haberse apoderado del día.

No puedo evitar asociar el turbión de emociones con aquel día13 años antes, marcado para ser un hito en mi vida como escritor. Esa tarde daría una conferencia sobre la narrativa cubana de los años noventa en la Universidad de Harvard. Cualquiera puede imaginar lo que se siente en la antesala de algo así. Pero esa misma mañana todo cambió, no únicamente mis planes, sino la vida contemporánea de casi todo el planeta. Era la mañana del 11 de septiembre del 2001.

Al interior del avión todo es tristeza y el regodeo en la belleza es asfixiado por el dolor que trae la muerte. Cuando la diminuta aeronave se posa en tierra, sigue conmigo el vértigo de la experiencia vivida y el dolor de lo sufrido tras conocer las noticias. En la noche hablamos de la vida, del arte, de los grandes que se han ido.Nadie menciona las playas, los paisajes…

La felicidad es un estado breve, transitorio. Hoy es domingo, y el cielo arroja sobre la capital una lluvia triste, testimonio del dolor por la partida de Sonia.

miércoles, 19 de febrero de 2014

De otras formas de violencia más graves.


La rabia no me abandona por estos días viendo en la TV el enfrentamiento desigual de los estudiantes y demás manifestantes con las fuerzas represivas en Venezuela, y no dejo de pensar en lo que se deba o se pueda hacer.


Cual forajidos del lejano oeste, veo a las fuerzas del régimen formadas en pandillas de motocicletas, armados hasta los dientes, amedrentando a la ciudadanía. Sufro viendo a esos matones disparar contra su pueblo, y la impotencia me ahoga. Hay que hacer algo. Pero ¿qué?

Me duele Venezuela y por muchas razones. La sufro desde mi posición de ciudadano común, exiliado de mi propia realidad. Hablo desde la persona privada que soy, sin vínculo con organizaciones políticas ni gobiernos. Hablo también desde mi cultura general, desde mis experiencias, desde mis sentimientos y emociones.

Cuando desde los años 80’s visitaba aquella bella tierra, me asfixiaba una urgencia cargada de preguntas: ¿Hasta cuándo podría tolerarse que un país tan lleno de riquezas mantuviera una situación de desigualdades tan brutales, de inseguridad ciudadana y corrupción insultante, de desidia hacia los necesitados?

No dejo de pensar en que la clase alta venezolana creó las condiciones para el advenimiento de una conmoción social. Y fue así que aquellas aguas trajeron la tormenta de Chávez y este subproducto indignante que es la borrasca de Maduro. Lógico era desear un cambio radical en la situación que prevalecía. Imposible imaginar hacia donde iría el curso de la historia.

Lo que está pasando en Venezuela desborda toda perspectiva y, dolorosamente, allí se mueven los intereses del gobierno cubano. Su presencia ofensiva en tierras venezolanas nada tiene que ver con el bienestar de la gente de ambos pueblos, ni con la caricatura de Revolución que tratan de vender ambos regímenes a los muchos compradores ingenuos.

Dolor y bochorno es lo que provocan todos ellos. Y uno empieza a preguntarse cómo es posible que ese régimen de hoy se mantenga. Cómo han logrado maniatar una tradición democrática - con todos sus defectos y corrupciones-; cuándo llegará el momento en que ese pueblo tenga un orden de cosas que diste del pasado inmediato, sin necesidad de regresar al régimen carcomido que lo engendró y le dio vida muy a su pesar.

Sé que hay muchos (incluso amigos) que aún viven la nostalgia de las Revoluciones y ven en los “bolivarianos” un aliado, un mito, una esperanza. Quizás sólo tenga que preguntarles una cosa: Si esa es una Revolución popular genuina, ¿por qué entonces ha de defenderse de su propio pueblo usando fuerzas represivas propias y cubanas?

Quizás un día las multitudes iracundas recuperen el poder ¿Y entonces qué? Nuevos reacomodos entre poderosos mantendrán situaciones de inequidad e injusticias. Ni las tales revoluciones, ni las llamadas democracias existen para beneficio de los oprimidos. La humanidad ha agotado su tiempo y debe reinventarse.

Desangrada, exhausta, saqueada, Venezuela ya no puede dar más de sí. Mientras, la gente sigue en las calles de Caracas y otras ciudades de ese país. Y nosotros pretendemos que no pasa nada. ¿Cómo podemos seguir callando? ¡Hagamos algo! Pero,¿qué?



martes, 18 de febrero de 2014

La violencia cotidiana

La violencia nuestra de cada día. La violencia se ha metido en el tuétano de las sociedades actuales. Se ha hecho cultura de vida ¿Cómo explicar si no, que las mismas personas amables y hospitalarias, tan asequibles y obsequiosas como el común, se transformen tan brutalmente en cuanto se acomodan en sus vehículos y asaltan la via pública con responsabilidad cero y alarde de violencia salvaje? Sacándole presión al asunto, me entretengo creando una ficción mientras espero el cambio de luces del semáforo. Imagino que los vehículos alrededor han sido secuestrados por una suerte de invasores siderales, llegados a la Tierra esta misma madrugada. Es un ejército silencioso, capaz de suplantar a los terrícolas adquiriendo sus rasgos externos, y convertir sus autos en maquinarias asesinas. Me aferro al guía temiendo que la voladora de al lado utilice sus abusivas “defensas” metálicas para hacerme añicos; o que las yipetas que me preceden retrocedan violentamente para aplastarme, o que el carro público destartalado sea en realidad un “transformer” variopinto que en segundos disparará bolas de fuego en todas direcciones. Cae la luz verde y tras esperar impaciente que el conductor de la extrema derecha se cruce delante de todos para girar hacia la izquierda, y un río de motoristas se adelante al resto; también me desplazo en linea recta y velozmente, pensándome a salvo. Entonces me pregunto si alguna de esas personas, (las reales, no los alien que imaginara), ha pensado en las consecuencias de sus actos irreflexivos; en lo que pasaría si se produce un accidente; en el dolor físico a sufrir o a infligir a otros inocentes, las pérdidas materiales, la disrupción en su propia vida y la de otras personas… Ya se acerca otro cruce de calles cuando, con un una maniobra brusca, evito que un vistoso auto se interponga en mi camino. Me doy cuenta que avanzo a una velocidad exagerada. A unos veinte metros el semáforo enciende la luz amarilla, pero decido acelerar, como hacen los otros de la senda izquierda. No estoy dispuesto a seguir esperando. Nadie espera. Poco me importa si atropello a otro vehículo. Ya he soportado bastante y no estoy dispuesto a aguantarle @%#@$% a nadie. ¡A mi hay que respetarme! Voy a medirme con cualquiera… Voy a aplastar a todo el que se me ponga en medio… ¡Oh, oh! ¿Qué pasa? ¿Por qué me violento así? ¿Cómo explicar esta reacción en mi? Me toco el pecho y me pregunto, qué clase de alien estará creciendo allí dentro…


martes, 10 de diciembre de 2013

Perla Negra y Nano

Alguna gente tiene la manía de poner nombre a las cosas, a objetos queridos, artefactos íntimos y hasta a casas y autos. Camilo, mi hermano, es uno de ellos; pero eso ustedes ya lo saben. Me consta que Perla Negra ocupa un lugar importante en sus afectos. Por eso el día que me dijo que me la vendía a un precio cómodo para que se la fuera pagando poco a poco como pudiera; vi claramente el desprendimiento que hacía con la sola intención de ayudarme. Yo llevaba poco tiempo en el país y ya le había dado tres veces la vuelta a la Tierra andando y desandando Santo Domingo. El llevaba muchos más años y ya estaba en los trámites de adquirir un nuevo vehículo, al que llamaría Serafín, como su propio padre. Y para ser justo, he de reconocer y agradecer que pasó dos o tres meses sin auto, a la espera del que vendría, sin reclamar nada.
Ya entendieron: Perla Negra es la "yipeta" que me salvó la vida (la laboral y la recreativa), durante los dos últimos años. Ahora, su vida útil llega al final. En un gesto heroico se sacrifica, se entrega como pieza de cambio disminuida por los dolores y achaques, para que yo pueda subirme a una de sus biznietas. No me malinterpreten; hablo de otra (casi)"yipeta", más contemporánea, pero de su misma estirpe. La acabo de bautizar como Nano, el apodo de mi viejo, ferroviario como Camilo y toda su familia. Nano es también una palabra con resonancia de nuevas tecnologías. Y es casi una descripción del aspecto de ese vehículo regordete y hocicudo que me recuerda otros que fueron entrañables. Parecería una rareza la relación que se establece con un automóvil, más allá de las superficiales pretensiones, alardes de estatus y otras tonterías. Pero no tanto. Muchas veces de su utilidad y lealtad depende el ritmo normal de nuestra vida. Y si a usted le gusta conducir, desde el inicio se va tejiendo una relación casi simbiótica entre los dos organismos; el humano y el mecánico. Es una interdependencia que acaba creando una suerte de afecto. Es por eso que entiendo a Camilo y su adoración por Perla Negra, de la que ahora me despido con afecto. También por eso accedía, por petición suya, a escribir este post que es casi una esquela de despedida a esa compañera de vida por los dos últimos años. En un par de días Nano andará surcando la ciudad, desafiando los peligros de un tráfico caótico, agresivo, tumultuario. Me acercará al pan y a los afectos, a la aventura más allá de los límites urbanos. Montaña y mares serán míos por instantes, gracias a ese instrumento cargado de belleza y preocupaciones financieras del que nos volvemos dependientes, adictos, prisioneros. Ahora entiendo la manía de poner nombre a algunas cosas que se vuelven imprescindibles. Camilo, aquí cumplo con tu pedido. Un requiem por Perla Negra. Aquí agradezco y reconozco públicamente, tu solidaridad y apoyo para con el recién llegado, el amigo, tu hermano, yo.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Crónica de una tarde especial

Esa tarde llegué al teatro molesto, ácido, agresivo. Apenas saludé a las personas con las que me crucé. Me hundí en mi butaca sin deseos de hablar con nadie. Había prometido a los niños de la clase de Literatura, que sus trabajos estarían expuestos en los pasillos del Teatro de Bellas Artes cuando se presentara el espectáculo resumen de esta etapa de trabajo en la comunidad de La Zurza. Les había dicho que en cada programa de mano habría un cuento breve de su autoría. Pero, por razones imprevistas, apenas ayer me explicaron que esto no sería posible. La literatura no estaría en el escenario, ni en los pasillos. Confieso que me encerré en un sentimiento de frustración que me convirtió posiblemente en el espectador más negativo que llegó esta tarde a la Sala Máximo Avilés Blonda. Le fallé a mis muchachos. Por momentos me olvidé del resto de los niños y del trabajo de mis colegas de otras disciplinas. Los míos se habían quedado sin la ilusión de ver al público hojeando sus cuentos. El dolor no se aplacaba. Me senté en la ultima fila del teatro. Primero habló brevemente la Primera Dama y entre lo dicho saltó una frase: “el trabajo de los estudiantes de Literatura será recogido en un libro de próxima aparición...” El cristal blindado de mi negatividad se estremeció. La función comenzó. Nada más abrirse el telón viví una experiencia de transformación. La escena, en manos de unos enanos mágicos, ejerció el embrujo que desde niño he experimentado siempre que estoy en un teatro, como público o desde la escena. De ahí en adelante las emociones fueron dando un vuelco; la percepción de que la obra estaba germinando, la obra de todos, sin exclusiones ni frustraciones, fue creciendo hasta volverse tumulto de alegrías. Los veía actuar, bailar, cantar y no podía alejar los recuerdos del día de la inscripción, a inicios de este año que esta a punto de terminar; las fuertes impresiones que nos causaba mirarle a los ojos a niños surgidos de vivencias duras, de experiencias terribles. Pensé en aquella niña de 13 años que no sabía la fecha de su nacimiento “Nací hace poco, un lunes...”, y que llegó a convertirse en una de las más destacadas de la clase; en aquel que consideraba el momento más feliz de su vida el único día que vio a sus padres tratarse con cariño, sin peleas. O a los muchos que nunca han visto el mar viviendo en esta isla maravillosa... La escena seguía transcurriendo con actuaciones, cantos, danzas y música; y entre ellas se mezclaban las imágenes de mis colegas trabajando, esforzándose cada sábado (días que podían haber sido de asueto) para llevarle lo mejor de sus experiencias artísticas a aquellos niños. Recordaba nuestras conversaciones sobre las vivencias tristes y las alegres en ese trabajo, el compromiso por darlo todo... Cuando me di cuenta. La obra llegaba a su fin en un estallido de cantos, luces, colores. Todos subieron a escena. Yo no pude. O
no quise. Mis muchachos de la clase de Literatura no estaban allí y eso me dio el pretexto. Pero ya no había en mi frustración sino orgullo, alegría por los más de 200 niños que aprobaban la primera prueba que la vida les ponía hacia un camino propio más hermoso; por mis colegas que con humildad recibían los aplausos en el escenario, mezclados con sus pupilos. Vi los rostros apretados de maestros relevantes de todas las disciplinas del arte, tratando de conjurar las lagrimas. Pero sus ojos los traicionaban. Todos estaban felices. Yo no podía ser menos. Cuando cayó el telón subí al escenario y abracé y felicité a todo el que pude. Ahora espero por el momento en que pueda llevarle las sonrisas a los míos, el día en que finalmente se vean publicados en un libro, y sepan que sus profesores, mi colega Luis Reinaldo y yo, no les mentimos. Que ellos también verán su obra, sus primeros pasos en el interminable camino del aprendizaje del arte; en las manos de sus seres queridos. Espero también por el día en que comencemos a inscribir a muchos más niños de la Zurza y tres barrios más del país que se incorporan al proyecto, para que se inicien en este camino. También yo nací en un barrio popular y sé muy bien lo que significan la educación, la cultura y el arte en la construcción y salvaguarda de la dignidad humana. Ya despojado de frustraciones pasajeras; pienso en todo lo que hemos compartido con esos cientos de niños dominicanos, y vuelvo a ser un hombre feliz.

domingo, 28 de julio de 2013

De apátridas y paraisos

Hace algún tiempo he perdido el hábito de escuchar música. Mi movilidad es casi esquizofrénica. Paso de una actividad a otra y cuando ceso, celebro la vida. La vorágine que revienta los límites del tiempo es mi manera de existir. Conscientemente he arrinconado la nostalgia por el país en el que nací. Pero hay momentos y circunstancias que me toman por asalto. Regreso de una experiencia cuasi mística, en la que conocí el paraíso en la tierra. Constanza, en la República Dominicana. Mi hermano Camilo hace sonar en su vehículo uno de los mćs grandes álbumes de Carlos Varela. Sin darme cuenta tengo ganas de llorar y entonces comprendo, o reafirmo algo que entendí hace tiempo, que no hay nada tan poderoso como la cultura. Me he refugiado por años en un concepto que es más una falacia que un disfraz. Me he ocultado tras el epíteto doloroso del "apátrida". Me he negado a aceptar ser parte de ese proceso decadente que se da ad infinitum en la mayor de las Antillas. Pero llega Carlitos Varela, y con canciones escritas desde los 80's hasta hoy me desenmascara; saca lo más oculto de mi. Me obliga a reconocerme en un tiempo y una cultura de la que no puedo escapar. En los 90's, recién regresado a Cuba desde una Europa Oriental en plena ebullición y cambio, caminé las calles que Varela cantaba ya desde los 80's. Poco después del giro del milenio volví a alejarme de La Habana, esa ciudad santuario de tantos y tantos amigos dispersos por el mundo... Estados Unidos primero, y ahora el Caribe, no han podido con sus influjos y excesos desgajarme de lo que soy. Cuando comencé a escribir estas palabras, sonaba Como un ángel... Ahora mismo suena Retrato de familia y mis lágrimas no cesan, porque escucho, al decir de Camilo, la más dramática metáfora de la Revolución Cubana. Me duele y agradezco a Carlos Varela el haber sabido leer y cantar mis propios sentimientos. Miro el paisaje, respiro hondo y me felicito de estar vivo y seguir sintiendo pena por lo que ha sido, y esperanza por lo que quizás, tal vez, algún día será... Cuando me escuches decir sobre el desarraigo, o dolerme por las catástrofes cotidianas, please, read my líps, estoy diciendo que quiero regresar a una isla que no existe, y que sólo sería posible cuando las canciones de Carlos Varela que aun me conmueven, o aquellas fundacionales de un Silvio Rodríguez en el que hoy no creo, se hagan realidad en una Cuba que hoy desconozco. Minutos después nos acercamos a Santo Domingo, y la sensación de llegar a casa, aun cuando se venga del paraiso, reconforta

lunes, 29 de abril de 2013

La mirada precisa

Para los escritores; las Ferias Internacionales del Libro son importantes por razones diferentes a las del resto de los mortales. El encuentro con lectores y colegas, sí, muy bien. Algún grado de promoción para el trabajo propio, de acuerdo. Pero siempre hay algo más, un evento o suceso imprevisible que aguarda entre las multitudes festinadas, el olor de los libros nuevos y viejos, la accidentada lluvia, el posible hallazgo. La Feria del Libro del Parque La Floresta, en 2008; me regaló el primer contacto con Chile, hermanos entrañables y una nueva amistad; Raul Zurita; con el que compartí luego en las Ferias de La Habana y Guadalajara. En esta última llegó el encuentro con el poeta estadounidense Forest Gander. La de Santo Domingo, en la que a estas altura soy un invitado más entre "los de casa", no había ocurrido nada trascendental hasta hace un par de noches. Un breve encuentro con un argentino y dos escritores cubanos; una cita para el día siguiente, un par de copas de un delicioso Carmenere (tan fresco en mi paladar desde la reciente visita a Chile) y voilà! Allí estaba el suceso. Apenas un apretón de manos, una cordialidad diáfana y un puñado de historias y memorias desbordando en la tarde dominicana a la altura de un sexto piso entre las montañas y el mar. Camilo, Alfonso y yo exaltados por la ocasión. Confieso que siempre que tropiezo con artistas de altura; me encierro en una observación curiosa que busca desentrañar las claves de estas figuras paradigmáticas. Es mi manera de venerar el arte y a los grandes artistas. La conversación fluia entre algodones; todo lo que veía en él era una sabiduría expresada con sencillez y humildad; en palabras manejadas con la eficiencia de un escritor establecido; pero yo me impacientaba por ver a aquel hombre actuando en su propio terreno. Cuando comenzaríamos el trabajo? Una breve espera y llegó el premio. Sin previo aviso se puso de pie. Vamos a hacer esto ya! dijo como para sí mismo. Organizó un precario "escenario" y de manera aparentemente lúdica dispuso de nosotros, simples escritores, buscando "la mirada precisa", como hacía unos minutos le había escrito en la dedicatoria de un ejemplar de El cliente tatuado, que le regalé con la secreta esperanza de que, a través del libro, supiera más del sujeto que ahora, su sensibilidad y talento iban a moldear por intermedio de su arte. Todo terminó como si no hubiera ocurrido. En breve ya estábamos empacando, felices "de haber entrado a la posteridad" como alguno comentó medio en broma y medio en serio. Y de regreso a los predios feriales. Un par de horas después volvimos a encontrarnos. El aliñaba la tarde desde el pabellón Libro y Cocina con insuperables anécdotas de su largo viajar por el mundo a la caza de sujetos con los que hacer lo que, apenas un rato antes, había conseguido de nosotros. Le hablaba al público agredido por la masa vocinglera que transcurría afuera; como si de viejos amigos se tratara. La gente seguía cada palabra arrobada por la gracia y sencillez de aquel argentino hablando de mundos desconocidos para casi todos los presentes. Pero parecían entender cada detalle y sonreían arrobados. Al terminar la charla, Daniel se acercó a mí, me sorprendió con un abrazo agradecido por haberle acompañado en ese momento. Luego se perdió bajo la lluvia copiosa, apenas protegiendo sus cámaras que no su cuerpo, con un trozo de plástico improvisado. Iba animado por el encuentro que seguía, seguramente con otro escritor de los que continúan engrosando el atlas humano de la literatura hispanoamericana que decidió construir, desde hace ya más de treinta años. Hasta hace dos días, pensaba con dolor en el artista al que Le Monde destruyó los archivos de la obra de casi toda su vida. Hoy me anima saber que Daniel Mordzinski, su arte impresionante y su calidad humana son imperecederas; y que su obra, de la que queda mucho por verse, quedará grabada en la memoria de generaciones que han disfrutado de su fotografía; y especialmente en la de los artistas a quienes entrega su talento y amistad. Gracias, Daniel!

miércoles, 10 de abril de 2013

Chile al alcance de la mano

Mi semana más reciente transcurrió en Santiago de Chile. Ya comenté en mi post anterior las sensaciones durante el vuelo de ida. Al llegar, la aeronave de Copa aterrizó en Santiago y allí mismo comenzó el efecto calidoscópico que ejerce sobre mi aquella tierra. Una semana se desdobla en muchas. Cada momento tiene su propia carga emotiva. Chile es una tierra de múltiples e intensas resonancias para mi. Por lejos que parezca estar, parece que sólo he tenido que traspasar un espejo para llegar a este mundo otro tan distante y cercano a un tiempo. Todo ello, gracias al vibrante diapasón de su historia, que viví tan de cerca ya desde mi adolescencia; a las amistades entrañables que allí mantengo a pesar de los años que han transcurrido, a ratos sin encuentros; a la manera en que entregan el afecto los que viven rodeado de las cordilleras y el Pacifico. Añádase la curiosidad que me lleva a escrutar el fenómeno de un país que atravesó una fiera dictadura, recuperó la democracia y se pavonea hoy de una economía e institucionalidad tan sólidas. Es obvio que lo primero se trata de cifras macroeconómicas y que muchas disparidades subsisten. Todo es según el ángulo desde el que se vea y la sensibilidad con que se mire. Lo cierto es que Chile siempre invita a quedarte un poco más, a regresar en un lapso cada vez más breve. Para nombrar las cosas; puedo hablar del Toño Briones y su equipo de locos maravillosos que hace ya cinco años se lanzaron al proceso siempre incierto de echar a andar una editorial independiente. No quiero volverme técnico aquí; sólo apunto a todo lo bueno que se ha hecho en y desde Ventana Abierta, justo allí donde se piensa que nada es posible. El proyecto crece y en lo personal, en él encuentro estímulo y realización; por su autenticidad y profesionalismo; por el amor con el que cada uno de ellos emprende su tarea. El resultado en lo que a mi se refiere, han sido sendas ediciones bellísimas y muy cuidadas de dos de mis obras; hay una tercera en proyecto en un plazo breve y muchos otras ideas a poner en práctica que beneficiarán a otros escritores y amigos de las letras. El viaje dura unas 12 horas con los trámites y tránsitos incluidos. Pero qué significan doce horas frente a tanto afecto y satisfacciones? ...frente al nacimiento de un libro, a una charla con estudiantes interesados, al reencuentro con Raul Zurita y otros amigos como el Sergio y la Pavella (a la que celebramos su cumpleaños cada día de todo una semana); o con la Paola y los "niños", tan sobrinos míos como los que más? ...el clima de Santiago, la cultura del vino incluida la visita a las viñas de Almaviva y Concha y Toro; el reencuentro con amigos del teatro y la música... Chile. Una estación a la que siempre he de volver a cargarme de afectos, energías y vivencias; para regresar de vuelta a este lado del mundo, el Caribe, donde también late, aunque de otra manera, la vida; y tantos otros afectos me esperan.

miércoles, 3 de abril de 2013

De viajes físicos y mentales

Durante las dos horas y seis minutos que dura el vuelo entre Santo Domingo y Ciudad Panamá, trabajo en la edición de La vuelta a Cuba; el libro más reciente de Camilo Venegas que pronto verá la luz en República Dominicana. Es el segundo texto que me ha encomendado (debe ser que no tiene a nadie mejor a quien confiarle la tarea, digo yo); y agradezco la confianza. Pero hay algo más allá de la deferencia que debo agradecer. Sus historias me emocionan, me llevan a andar con él por esos lugares que tampoco yo he visitado en diez años, excepción hecha de un breve y vertiginoso viaje a la Feria del Libro de La Habana, hace unos cinco años, como parte de Ventana Abierta Editores, una editorial chilena; la misma que me lleva ahora a Santiago de Chile para la presentación de mi propia novela, El cliente tatuado. Este largo viaje apenas está comenzando y ya advierto cómo estas complicidades entre escritores amigos actúan como antídoto, para mitigar las largas horas de vuelo. Pero primero y más importante aun; es que este es un ejercicio increíble, de efectos imprevistos. Uno de ellos: dejarse ir por las calles de La Habana con la expedición en la que se involucró Camilo, mientras atravieso el Caribe, al Sur de Cuba en dirección a Panamá. Esto crea un estado mental confuso y luminoso a un tiempo, como bolas de billar sobre el verde tapiz de los afectos, haciendo olvidar las coordenadas reales del tiempo y el espacio (y créanme que solo me he tomado un whisky, una cortesía de Copa que años ha, desapareció de las lineas aéreas estadounidenses). Entro con los protagonistas de las crónicas que reviso al Floridita y con ellos me hago fotografiar junto a Hemingway, mientras imagino que abro la puerta de la habitación en Santiago de Chile y ante mi se despliega, como las alas de un pájaro, el incomparable azul del mar frente al malecón habanero. Y mientras escucho a mis amigos chilenos presentar mi libro en La Chascona -evento que sucederá dentro de dos días y, lo confieso, hace tiempo me trae emocionado- veo a Camilo en La Habana abrazar amigos comunes a quienes no he podido ver en los últimos diez años de ausencia y siento los olores característicos de esa urbe entrañable cuyos orígenes tampoco pude explicarme jamás. La altura del vuelo no me permite distinguir el mar. No puedo hallar pistas sobre el verdadero destino en el que viajo. Sólo el mapa de la nostalgia y los afectos; de las alegrías que vivo por estos días con inusual intensidad, me indica que voy bien encaminado; me empuja amablemente a mantener mi paso. He cambiado de avión y ahora, en medio de la noche, sospecho que allá abajo corre la cordillera andina mientras vuelvo al placer de la edición de este texto sorprendente de Camilo Venegas, mi hermano cubano en esta parte del camino, mi querido y respetado colega en las letras. Alcanzo el final del libro. La emoción de la lectura ha mantenido a raya a la otra; la del inminente encuentro en apenas unos minutos con Antonio Briones, ese otro hermano al que hace unos tres o cuatro años no he vuelto a abrazar; el cabecilla de esta conspiración literaria llamada Ventana Abierta, que sigue abriendo caminos desde Santiago de Chile. Al frente queda siempre el horizonte y tras él aguardan, no puede ser de otra manera, los caminos de vuelta.

miércoles, 20 de marzo de 2013

EXTRANJERO

Increíblemente han transcurrido 356 días desde la última vez que actualicé este blog. Muchas son las razones; entre ellas, el proceso de "acabado", edición y publicación de mi más reciente novela, El cliente tatuado, que se presenta justo en unos días, el 26 de marzo en Casa de Teatro, en Santo Domingo, y luego en Chile, el 4 de abril, en La Chascona. Pero la verdadera razón es el imperdonable abandono de una herramienta de comunicación que por momentos me pareció ineficaz. Error de mi parte que quiero rectificar (en parte, culpa de la insistencia de Camilo Venegas). Ahora regreso y lo hago impelido por algo que catapultó (termino con sabor medieval este) una reacción en forma de reflexión más o menos literaria. Aquí voy con el tema de marras. En los años 80's se hizo popular en Cuba, a veces a manera de chiste, un fenómeno extraño. A la pregunta "Qué quieres ser cuando seas grande?"; much@s niñ@s dejaron de responder con el socorrido "médico", abogad@", "ingenier@", etc. y apareció una nueva "profesión": Extranjer@! Es que nadie vivía en Cuba tan bien como lo hacían los extranjeros, seres superiores dueños de todo aquello de lo que el cubano carecía! Para entonces yo, un joven revolucionario, aun defensor de la utopía ya decadente; consideraba aquella salida como pueril, errática, o cuando menos, consecuencia de las carencias cotidianas siempre impuestas por "el asedio al país", "culpa del enemigo". Era gracioso, claro, pero sobre todo, pensaba yo, superficial, snob. Mis tendencias nómadas se fueron fortaleciendo con el tiempo y mi conocimiento de medio mundo. Mi trabajo me permitía viajar. Mi pensamiento "monolítico" cedió espacio a las dudas. Un día me di cuenta de que había otras verdades, muchos universos, diversas miradas. Ya crecido, no me atrevía a decirlo, pero en mi cabeza yo también quería ser extranjero. Y conseguí serlo en muchos sitios diversos. Y me sentí cómodo. Viví por espacios de tiempo diversos en diferentes países; en plan de descubridor sediento de otras realidades y sus culturas. Era bueno ser extranjero y así fue por muchos años. Y así ha sido hasta hoy. Esta misma mañana me permití insertar una nota en las redes sociales, celebrando la rotunda victoria de República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol, evento que disfruté como el que más. En tono de humor, dije que si el país funcionara como su equipo campeón, sería el mejor del mundo. Este país es realmente bello y conserva muchas de las tradiciones que hacían la existencia más humana y disfrutable, aunque ya los mismos dominicanos no puedan apreciar su valor, tal vez porque lo perciben como algo natural, dado. Ignoran que el resto del mundo daría la vida por recuperarlas. Hice referencia al hecho de que para lograr ese lugar cimero, solo tendrían que arreglar algunos problemas. Luego pude comprobar que ese tipo de opinión, no gusta, y sospecho que muchos sienten lo mismo; no se sienten bien cuando los extranjeros opinan sobre sus problemas. Pues bien; no soy aquí un turista ni alguien frívolo que viene a aprovecharse de las bondades de esta media isla. Escogí vivir aquí y aquí contribuyo todo lo que puedo. Quiero hacer mía esta tierra en la que, quizás, transcurran los últimos años de mi vida. No puedo evitar dolerme de los problemas ni ser feliz con sus logros y virtudes. Pero, descubrir que, posiblemente, solo puedo ser alguien de quien obtener los posibles beneficios de mis servicios, pero a quien no se acepte como un par, como un propio que siente, padece y opina, me hace pensar en aquellos niños que alguna vez respondieron a la pregunta de marras: "Cuando sea grande quiero ser extranjero". No quiero juzgar pero, esa hipersensibilidad (que no es únicamente dominicana); me llevara a dar la misma respuesta?

jueves, 29 de marzo de 2012

Mi "relación" con Mario


Apremiado como estoy en estos días por obligaciones profesionales y literarias, echo mano a un recurso que creo válido. Quiero compartirles, con permiso de mi amigo Amir Valle, mi contribución al numero 15 de la Revista Otro Lunes, en la que se me pidió, junto a otros escritores de diferentes latitudes, escribir sobre el acto trascendente y de justicia en el que se concedió a Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura

http://otrolunes.com/archivos/15/php/punto-de-mira/punto-de-mira-n15-a03-p01-2010.php

(si el link no se abre, copien y peguen... ya saben)

La Feria del Libro de Santo Domingo ya está próxima (uno de los motivos de mis apremios por estos días) y quizás esta suerte de entrada reciclada sirva de abreboca para aquellos que acuden a las Ferias en busca de las obras de este insigne peruano. Espero me perdonen el pecadillo cometido. Con afecto siempre.

viernes, 16 de marzo de 2012

Mi(s) abuelo(s)

Hace mucho tiempo, tanto que no recuerdo los detalles del texto; escribí un pequeño ensayo sobre la condición de ser un hombre que crece sin abuelos. Cuando nací, tanto el paterno como el materno ya habían fallecido. Un aciago día comprendí lo impactante que puede ser esa suerte de orfandad. Ahora el director Albert Xavier con su magnífico corto “Mi abuelo” ha vuelto a remover ese sentimiento de una manera muy especial: con un homenaje a la abuelidad, que tambien me toca de cerca (ahí están mis nietos Joelito, Angie y Sophie para demostrarlo).


Desde un mismo banco, frente a un mar que parece haberse amansado para contemplar la escena, un abuelo (un maestro del oficio como Miguel Angel Martinez) y su nieta favorita (la vibrante Isabel Polanco) hacen un viaje a través del tiempo,
de la mano de ese amor tan único como el que puede darse entre abuelos y nietos. Sin recursos lacrimógenos ni abigarramientos innecesarios; el dominicano-americano Xavier le canta a la necesidad y la posibilidad de defender los sueños por imposibles que parezcan. Los actores salen airosos en el desafío de mantener la tesitura emocional, con gracia y frescura. La cámara trabaja con limpieza y buen tino, de la mano de un director empeñado en fotografiar los sentimientos y poner todo el esplendor de la realidad en función de estos.

“Mi abuelo”; el corto, triunfa en la prueba. Si mis palabras no fueran suficiente crédito; ahí está la invitación al Festival de Cannes, a cuya muestra acude por primera vez una obra de autoría y temática dominicana. Auguro que en su exhibición, muchos espectadores harán el periplo que yo mismo hice en la noche de apertura de la Muestra Internacional de Cine de Santo Domingo; cuando la belleza y el tema de la obra me devolvieron a aquel tiempo, tan lejos ya, en que escribí un pequeño ensayo sobre la dolorosa condición que me tocó de ser un hombre que crece sin abuelo y, como los personajes en el corto de Albert, sufre la pérdida pero no deja jamás de soñar y de hacer por alcanzar los sueños.

domingo, 11 de marzo de 2012

Es domingo y llueve


Es domingo y llueve, pero no es como cualquier domingo de lluvia.

Algo tremendo se prepara. Lo siento. Tal vez solo respondo a las emociones de lo bueno y lo malo recién vivido; o a la intuición de lo nuevo y lo positivo que se acerca. Pero hoy es domingo y siento cada segundo como una inyección de proteína para el espíritu; y cada gota de agua cae como un elixir que cura heridas, alivia desencantos, estimula la percepción de lo bueno que acecha siempre ahí, al alcance de la mano, esperando ser descubierto por el olfato avisado...

No me creas. Todo puede ser engañoso. Mañana puedo no estar vivo. Quién puede anticiparlo? En estos días un amigo habla constante y alegremente lo efímero de la vida; otro escribe poemas a la mujer que ama y mi hijo ha crecido en el amor a su hija que hace dos días cumplió su primer año. Mi hija no le pide demasiado a la vida pero la vive con alegría y la enfrenta con entereza. En torno a mi bullen los proyectos que me invento y otros que salen a mi paso. Escribo, leo y padezco menos las vicisitudes cotidianas no importa si aumentan o disminuyen.Ya no advierto esos cambios. Amo y soy amado, celebro cada minuto y aun... me queda tiempo en este domingo de marzo para disfrutar la lluvia, con esa mezcla de alegria y tristeza que producen su sonido alegre y la grisura del dia. Escucho a Ellis Regina tejiendo su voz entre las gotas de agua "Son dois pra la, dois pra ca..."

Es domingo y llueve. No te dejes llevar por sentimientos oscuros. Detrás de ese gris, y del agobio; de los horrores y las malas noticias, las estrecheces y la confusión... la vida se prepara para ser vivida y hay que celebrarla. No te engañes; respira profundo y vive a fondo este momento!

No hay mañana sino un hoy permanente... mientras dure. Después; el final. No hay más.

martes, 21 de febrero de 2012

Justicia poética VS nacionalismos estériles

Para escándalo de algunos amigos, no tengo empacho en reconocer que rechazo las viejas nociones y conceptos del nacionalismo, la patria, las generaciones literarias... y otras de las que en alguna ocasión ya hablé. Soy de los cubanos que siente vergüenza ajena cuando alguien nacido en Cuba habla y actúa con aires de superioridad y da por establecido que esa isla en la que nacimos es el ombligo del mundo, o como dicen por aquí “la última coca cola del desierto” (esto sería casi sarcástico, tratándose de Cuba).

Hace poco me dio tristeza algo que me dijo una joven dominicana: "Usted es una persona modesta porque siendo cubano, dice que los dominicanos somos iguales a ustedes" Me dolió esa percepción errónea que vaya a saber como surgió y de que materia se alimenta, aunque sospecho que tiene que ver con la baja autoestima, esa enfermedad tan extendida en estas tierras. Entendí, quise entender, que ella trataba de mostrar la simpatía que ciertamente profesa la mayoría de los dominicanos hacia la gente de esa otra isla en la que nací.

Debo confesar que en las escasas ocasiones en que mi nacionalidad me ha suscitado algún regocijo, ha sido siempre a partir de pequeñas acciones individuales o en muy específicos eventos históricos o culturales. Quién no va a sentirse feliz de ser conciudadano de Bebo y Chucho Valdés, de Lezama, Virgilio y Cabrera Infante; del Beny y Pablo Milanés... en fin.

Anoche viví un momento así. En la atmósfera ciertamente relajada y casi siempre edificante de la tertulia que conduzco los lunes alternos en Casa de Teatro; el escritor e intelectual dominicano Nan Chevalier elogió la tradición de la crítica cultural en Cuba. En su brillante exposición, la contraponía amargamente a la precariedad de esa área del pensamiento en República Dominicana. Y alguien de la concurrencia saltó de su asiento. Sus palabras no buscaban exaltar a unos en detrimento de otros, como casi siempre ocurre en esas pujas nacionalistas tan frecuentes como improductivas; sino a dejar establecida con argumentos, la posición cimera del intelectual que fuera Pedro Henríquez Ureña.

Fueron apenas unas palabras en medio de una noche de riquísima charla sobre literatura, música, arte en general... pero sentado allí frente al grupo, escudado por el contraluz que provocaba la lampara que ilumina a los invitados; tuve un momento de goce discreto. Un cubano había hecho justicia reconociendo a ese ilustre dominicano de estatura continental (en el grupo corrió un aire de satisfacción, de sano orgullo). Todos concedieron y la conversación siguió sin que nadie apelara a los clisés de las trincheras nacionalistas. Pensé en Martí por aquello de “honrar, honra” y agradecí a Camilo Venegas su atinada intervención. Camilo, ustedes lo saben, es cubano.

lunes, 13 de febrero de 2012

Promiscuo universo de las letras.

Este fin de semana anduve de retiro literario. En San Francisco de Macorís, en una colina fuera de la ciudad, entre plantas de cacao y otras raras especies (por primera vez en mi vida vi una planta de pimienta); pude aislarme de eso que llaman el mundo real para hundirme en el otro, el mundo ficcionado por varias decenas de narradores.
Cada uno una voz, y muchas voces; cada quien un puñado de vivencias diversas; disimiles formas de expresarse, unos mas avezados que otros... Una vez más me asaltó la sorpresa que causa en mi cada buen texto; el descubrir esa mirada distinta, ese verbo revivido en el uso original que le da un autor de valía. Me reafirmé en la idea de que no puede trazarse una linea divisoria clara, una clasificación precisa que nos convierta en fría estadística, una etiqueta falsa, un mapa borroso. Y aprendí. Escuché textos fallidos de autores de cierta experiencia, textos luminosos de principiantes certeros, disfruté de la imaginación que trueca cualquier hecho sencillo en historia épica, en drama humano universal. Sobre todo aprendí de la sencillez de muchos, de la entrega esforzada de otros que aun no encuentran su voz. Aprendí de la camaradería y el desprendimiento, de la hospitalidad de los anfitriones y de las maravillas que guarda una vida sencilla, modesta, sin pretensiones. Recordé aquella experiencia hoy extraña por los caprichos de la vida contemporánea, que es andar por senderos entre arboles, ver el cielo plagado de estrellas, sentir los ruidos de la naturaleza. De esto y de muchas otras cosas aprendí.
Siempre y de todo se aprende. Pero sobre todo me afinqué en la certeza de que no hay mejor mundo que el aparentemente solitario y todopoderoso de quienes contemplan la vida con ojos diferentes y son capaces de cantarla con palabras que suenan a nuevas, a recién creadas. No importa cuántos siglos hayan estado ahí, repetidas hasta el cansancio, pero siempre renovadas de la mano de un escritor que hace de la palabra su entrega y realización. Su vida.
Este fin de semana de agotadoras sesiones de lecturas e intercambio, de pocas comodidades y ningún contacto con el mundo exterior; este fin de semana en el que se dilapidaba la vida y la voz de Whitney Houston, Grecia ardía y la oposición venezolana elegía un candidato único; me di un poco más (si es posible) a esa amante perversa que no me deja mentir, ni escapar; que por veinte años apenas, no me ha permitido cejar en el intento de ser yo mismo tan buen amante como ella, la palabra certera, la literatura. Y sé que no estoy solo. Y tal promiscuidad me alegra.

sábado, 4 de febrero de 2012

La hora de los hornos


Ayer supimos que, a pesar de que la Presidenta de Brasil le otorgara la visa a Yoani Sánchez, la corajuda bloguera no recibió (por decimonovena ocasión) el permiso de salida que debe otorgarle quien determina las vidas de todos y cada uno de los individuos en Cuba: el poder militar. Por otra parte, las redes sociales daban cuenta de un incidente ocurrido en Santo Domingo el pasado 28 de enero, que se saldó con una bofetada propinada por el Embajador de Cuba a un ciudadano cubano residente en la República Dominicana. Hoy despertamos con el festinado anuncio de la salida a la luz de unas memorias del caudillo cubano. Me pregunto qué subyace tras esta especie de ofensiva; esta revuelta agresiva en varios flancos. Acaso resuena la marcha triunfal de un régimen, o se escucha su pataleo decadente ante un final inevitable?

En mi entrada anterior en este blog mencionaba “esa ilusión que aun mantenemos algunos; la de que este mundo, por mal que parezca estar, no ha perdido del todo cierto sentido de decoro... ni la capacidad de enfrentar lo inevitable con el absurdo del gesto poético, con la ilusión de un futuro posible y digno”. No puedo sino pensar que pronto Yoani y todos los cubanos de dentro y de afuera podrán entrar y salir de la isla libremente, sin depender del visto bueno de los gendarmes que hoy determinan sus vidas; expresarse sin temor a que sus ideas por diferentes que sean, puedan ser acalladas con violencia; recuperar las memorias de varias generaciones en su reencuentro con su país, con su cultura de vida y con la historia... O acaso sueño?

jueves, 26 de enero de 2012

Del gesto poético y el futuro posible

La Presidenta de Brasil acaba de otorgar visa a Yoani Sánchez para que visite aquel inmenso país. Hay una hermosa parábola alrededor de las experiencia vitales de ambas mujeres: sus actitudes como frágiles muchachas enfrentando, en distintas épocas y diferentes circunstancias, al poder castrense.

Y me gustaría quedarme ahí, contemplando lo bello de la imagen en un plano cerrado que nos permita ignorar las posibles tramas que se mueven alrededor de ese gesto.Por ejemplo, en las noticias no se dice nada de si la corajuda bloguera recibirá el permiso de salida que debe otorgarle quien determina las vidas de todos y cada uno de los individuos en Cuba: el poder militar. Hay sí, algunas consideraciones sobre las posiciones políticas de Dilma Rousseff que refieren su independencia de criterio con relación a su mentor político, el ex-presidente Lula; y su distanciamiento de Irán mientras se acerca ligeramente a Washington en materias de interés bilateral... Seguramente hay más entre telones; pero no quiero permitir que nada de eso empañe la hermosa visión de esas dos mujeres, desde distintas latitudes, desafiando al poder que limita la libertad.

Ahora recuerdo esa imagen que quedó tatuada en mi memoria; la del hombrecito que desafiaba en el verano de 1989 a los tanques que iban a aplastar la rebelión estudiantil en la Plaza Tia Nan Men de Pekin. En más de una ocasión aventuré mi convicción de que aquel hombre debió ser un poeta. Luego cayó en mis manos un documental que buscaba indagar sobre su identidad. Al parecer nunca pudo saberse a ciencia cierta; pero un sin número de teorías trataron de conceptualizar un gesto que no requería de análisis. Allí estaba la frescura, la convicción y el arrojo de un hombre que creyó en su capacidad de detener, con apenas sesenta kilos de humanidad estremecida, toneladas de hierro y miles de caballos de fuerza empujadas por la ceguera de un régimen vetusto e inhumano.

Y así llueven las imágenes iconográficas que van construyendo esa ilusión que aun mantenemos algunos; la de que este mundo, por mal que parezca estar, no ha perdido del todo cierto sentido de decoro; ni la capacidad de enfrentar lo inevitable con el absurdo del gesto poético, con la ilusión de un futuro posible y digno. O acaso sueño?

lunes, 2 de enero de 2012

Cada vez un nuevo comienzo

Nos hemos adaptado física y mentalmente a los ciclos naturales y las convenciones que los definen de tal modo que seguirlos, produce en nosotros curvas emocionales y cambios de actitudes. A veces, cuando parecemos desesperanzados; un simple giro en el almanaque puede devolvernos el optimismo. Vale la pena pues seguir (sin fanatismos) esos ciclos, sacar de ellos todo lo provechoso, lo que nos limpia, aligera e impulsa.


2011 fue un año raro. Hubo tragedias, pérdidas, enfermedad, logros, luchas, éxitos, muchos momentos maravillosos y otros difíciles... Mientras hago esta relación me doy cuenta que podría hablar de cualquier otro año de igual manera... Pero es que el paso a un nuevo período de tiempo pone de relieve estas valoraciones; y al ser las experiencias mas cercanas, su dimensión crece. El lado bueno de este efecto “óptico” para nuestra mente; es que nos aúpa a tomar medidas para tratar de cambiar las cosas para bien.



2011, por ejemplo; me escamoteó mucho tiempo para escribir, pero leí un poco más de lo acostumbrado. Darme cuenta de ello me impulsa a proponerme escribir más y, por supuesto, continuar leyendo. Ya tengo en mente tres proyectos: una biografía ficcionada, una nueva novela sobre lo que el deseable (y necesario) avance de la contemporaneidad nos quita... o algo así, y un guión de cine. Tengo ya una lista de libros que debo leer, la mayoría reposando ya en la mesa de noche a la espera de mi asalto... Y debo reformular la tertulia de los lunes que se ha convertido en parte importante de mi hacer.

Con tal arrancada me digo que 2012 será un buen año y espero que también lo sea para ti, amig@ lector/a de este blog que, como cada enero, promete ser más sistemático y constante para terminar extraviando en los avatares de la rutina. Sucederá lo mismo con mis predicciones? Espero que no. Esta vez no. Algo especial está llegando y ya tengo mi percepción abierta para descubrirlo, para vivirlo a fondo. Coincides conmigo? Comparte entonces tu mirada, que de eso se trata este blog. Ah! y felicidades por el ciclo que se inicia. Mis deseos de todo lo mejor para ti y los tuyos en los días que vendrán!


domingo, 11 de diciembre de 2011

De la vida y los abrazos


Dos meses sin pasar por aquí, y en el ínterin, un suceso inesperado que pudo marcar la diferencia,

Ya han transcurrido cuatro semanas desde aquel día en que un hematólogo, sentado al lado de mi cama de hospital, entendió necesario explicarme el punto de gravedad en el que estaba mi salud. Escogía las palabras aun tratando de ser sincero pero sin excesos; especialmente cuando quería connotar cuán cerca estaba de un desenlace indeseable. Para mi ya el tema está agotado. Amigos, colegas y familiares me han pedido muchas veces escuchar el relato con lujo de detalles; con la sana morbosidad que provoca escuchar a aquellos que han merodeado las fronteras entre el estar y el ser historia.

Ya tienen los antecedentes. Ahora voy al punto. Pasar de la normalidad de los días, al turbulento progreso de una enfermedad tropical para mí desconocida fue una suerte de tortura que de todos modos me tomé a la ligera. Me traicionó mi natural resistencia a considerarme un paciente o a acudir a un hospital en busca de ayuda. Casi pago caro por ello. Las cosas se complicaron. En un momento se hizo evidente que la situación era de cuidado; fue justo cuando el hematólogo me hablaba pretendiendo evitar toda emoción y fue ahí cuando sentí la urgencia. Cómo avisarle a mis hijos, a mi hermano, a demás familiares y amigos ante la eventualidad de que ya no nos viéramos más? Que asuntos se habrían quedado pendientes que requirieran de mi imprescindible atención para no dejar nada sobre hombros ajenos?...Seguramente exagero, pero en una situación así...

Confieso que entonces no pensé en nada de eso que el cliché pregona: No cuestioné mi vida ni pensé en grandes metas dejadas de cumplir (Para eso vivo de acuerdo a como pienso y siento, para no sufrir arrepentimientos ni lamentar lo que hice o dejé de hacer). No transcurrió mi vida ante mis ojos como un videoclip desenfrenado. Tal vez mi mente registró algún paisaje entrañable, una playa, un cielo, las callejuelas de una ciudad colonial...Pero la angustia fundamental vino a causa de los abrazos; esos que me hicieron abandonar una cultura anglosajona para regresar a mi ámbito natural en el Caribe. Mi angustia seguía siendo: Si he de irme, cómo voy a hacerlo sin despedirme de mi gente entrañable sin un buen abrazo? Creo que fue esa urgencia la que me insufló las fuerzas para resistir.

A la mañana siguiente mi estado era aun peor; pero contra toda lógica, sin más síntomas que la preocupación por el peligro que no se disipaba. En la tarde y sin previo aviso, comenzó a revertirse el cuadro clinico levemente, pero lo suficiente como para que sintiera con fuerzas que no es tan mala idea amar la vida como siempre he hecho; y celebrarla como cada dia aprendo a hacer.

Una vez que comencé a recuperarme ya no me detuve. Ahora soy consciente de que, como una consecuencia lógica de la experiencia, algo en mi ha cambiado. La conciencia de nuestra fragilidad como sistema vivo; la certeza de la volatilidad del tiempo; el comprender con más claridad que los afectos, los placeres y el estar bien con uno mismo son más importantes que cualquier evento, posición, posesión o meta. Ahora entiendo mejor el "al paso" de los dominicanos; ese sentido del vivir aparentemente irresponsable que privilegia el goce cotidiano contra viento y marea...

Esto es sólo el inicio. Más consideraciones sobre el tema llegarán con los días y seguiré compartiéndolas. Si les interesa. No todo el mundo tiene la oportunidad de acercarse a la puerta que conduce a "lo que sigue", que para mi es la nada...y mucho menos el privilegio de poder cerrarla y quedarse de este lado, en esto que tenemos tan valioso, aunque casi siempre dejamos escapar entre los dedos, distraídos o confundidos, temerosos y desorientados...

jueves, 13 de octubre de 2011

El punto en el cual me hallo

Uf, la rutina de escribir! El aparente abandono! Este blog que hace poco
más de un mes no recibe un post de su autor... Qué ocurre? Nada grave; apenas el vértigo de los días, la variedad de medios para comunicarse y de formas de arte para expresarse... Cierta desidia que acompaña las horas de reflexión y análisis, el barajar de temas, unos tan seductores como otros, y... lo confieso, mi renuencia a aceptar la esclavitud de lo estrictamente periódico.

Afuera; ocurren cosas que toma tiempo asimilar. La conciencia de que estamos en medio de un proceso de cambios en la forma de funcionar las sociedades, de articularse el mundo, de relacionarnos con el entorno y las tecnologías...

Adentro está todo lo que aquello implica para nuestra psiquis, la forma de entender nuestra existencia; la manera de relacionarnos los humanos... Todo gira alrededor y es difícil captar el matiz más importante porque pocos fenómenos son hoy estables, mucho menos imperecederos...

Hacia donde vamos? Qué es lo que importa? Qué es lo esencial y qué lo fatuo?

Después de poco más de un mes regreso y no vengo cargado de propuestas y respuestas. Por el contrario, el baúl está repleto de preguntas. Eso es lo importante. Y tú que piensas?